El domingo pasado me levanté, miré cómo se presentaba el tiempo, llamé a mi amigo y pregunté si había lugar. Dale, venite que falta uno fue la respuesta. A levantarse! Botas, buenas medias, remera y buzo de algodón, chaleco de polar, campera anti-todo (o casi), pantalón, una lechita y una “pichicata” para evitar los efectos secundarios normales de estas aventuras esporádicas.
Mi amigo del alma es … no sé como describirlo … un amante de la navegación a vela. Lo lleva en el alma y lo transmite a quien esté dispuesto a escucharlo. Con mucha paciencia, con cariño, con esa misma pasión que lo lleva en más de una oportunidad a gritar, parado en el cockpit y desde lo más profundo de su pecho: “Esto es vida!!”. El hombre quiere compartir con todos su pasión, pero navegar, no es para cualquiera y “ese” sentimiento parece que nace con uno. Te tiene que gustar para estar dispuesto a morirte de frío, a mojarte y príncipalmente a marearte. Nadie se salva!
Claro que si uno esta expuesto a alguien con tanta pasión comienza a preguntarse qué hay? Debe haber algo que uno no ve. Es como estar frecuentemente al lado de alguien que come brócoli mientras se relame y te invita a compartirla describiendo sus bondades. Uno lo probó y no le gustó pero si se expone mucho a esta experiencia, seguro va a probar de nuevo. Por ahí el que había probado estaba podrido, yo qué sé! Juro que he probado bastantes veces y no era mi “destino”, por llamarlo de alguna forma.
Lo cierto es que el domingo pasado decidí probar de nuevo y nada menos que en una regata. Va a hacer frío así que abrigate bien. Te vas a mojar así que … hacé lo que puedas para evitarlo. Te vas a marear así que tomá Vasotal! Vas a llegar tarde así que … te van a putear! Y largamos!! Una largada que yo no conocía. Los barcos se dan handicap entre sí de acuerdo con su “medición”. El handicap se mide en tiempo. Por ello puede que llegue un barco primero a la meta pero en realidad no gane ya que le dió X tiempo de handicap a alguno que viene detrás y no logró descontarlo. Como decía, la largada fue diferente. Los barcos largaban en base a su handicap. Los primeros en largar eran los “más peores”. Así, el que llega primero gana y listo. Divertido y más fácil de entender por “el pueblo” que se preocupa más por la llegada que por la largada, generalmente.
Un día espectacular, con poco viento y temperatura agradable. Esto no nos favoreció ya que barco grande quiere viento grande. Mi labor fue la de contrapeso para evitar la escora (inclinación) del barco. Con mis 93 kilogramos me salió perfecto! Movete para estribor!! Noooo, para el otro lado, la derecha, Gustavo!! Casá la escota! Filá el tangón en el palo! Templame la driza de mayor! Si, si, es otro idioma. A pesar de que estoy más o menos acostumbrado a escucharlo tengo que pensarlo y esto hace que mis respuestas sean más lentas. Ni que hablar cuando quiero arma yo una frase. Cuánto le lleva a una persona “automatizar” la asociación de izquierda/derecha? Por qué es tan difícil cambiar por babor/estribor?
En un ambiente total de camaradería aún en la tensión de la competencia y con una calma casi total a unos 500 metros de la llegada (creo que demoramos unos 30 minutos en esos 500 metros), llegamos. 5to. puesto en unos 12 barcos. Creo que soy medio yeta ya que en regatas anteriores, sin mi, estaban siempre entre los tres de arriba.
No tuve frío, no me mojé y no me mareé. Al menos no me morí del mareo :-). Vaya uno a saber si me van a convidar de nuevo. Si ocurre, muy probablemente vuelva a probar el brócoli. Ya no sabe tan horrendo.
